miércoles, 8 de mayo de 2013
La Música Cristiana y sus Límites
martes, 12 de febrero de 2013
Dios el Hijo: Su preexistencia.
Siendo al mismo tiempo perfectamente humano y perfectamente divino, el Señor Jesucristo es semejante y a la vez distinto a los hijos de los hombres. Las Escrituras son muy claras respecto a la semejanza de Él con los humanos (Jn. 1:14; 1 Ti. 3:16; He. 2:14-17), y lo presentan como a un hombre que nació, vivió, sufrió y murió entre los hombres. Pero de igual manera la Biblia enseña que Él es diferente a nosotros, no solamente en el carácter impecable de su vida terrenal, en su muerte vicaria y en su gloriosa resurrección y ascensión, sino también en el hecho maravilloso de su preexistencia eterna.
En cuanto a su humanidad, Él tuvo principio, pues fue concebido por el poder del Espíritu Santo y nació de una virgen. En cuanto a su divinidad, Él no tuvo principio, pues ha existido desde la eternidad. En Isaías 9:6 leemos: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado.» La distinción es obvia entre el niño que nació y el Hijo que nos es dado.
Así también en Gálatas 4:4 se declara: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.» El que existía desde la eternidad, llegó a ser, en la plenitud del tiempo, «nacido (la descendencia) de mujer». Declarando que Cristo fue preexistente, meramente se afirma que Él existió antes de que se hubiera encarnado, puesto que todos los propósitos también afirman que Él existía desde toda la eternidad pasada. La idea de que Él era preexistente sólo en el sentido de ser el primero de todos los seres creados (la así llamada herejía arriana del siglo IV) no es una enseñanza moderna. Así las pruebas de su preexistencia y las pruebas para su eternidad pueden ser agrupadas juntas. Es también evidente que si Cristo es Dios, Él es eterno, y si Él es eterno, Él es Dios, y las pruebas para la deidad de Cristo y su eternidad se sostienen unas a otras.
La eternidad y deidad de Jesús es establecida por dos líneas de revelación: 1ª.) Declaraciones directas, y 2ª.) Implicaciones de la Escritura.
A. DECLARACIONES DIRECTAS DE LA ETERNIDAD Y DEIDAD DEL HIJO DE DIOS
La eternidad y deidad de Jesucristo están sostenidas en una vasta área de la Escritura, la cual afirma su infinita Persona y su existencia eterna igual con las otras Personas de la Trinidad. Este hecho no es afectado por su encarnación.
sábado, 9 de febrero de 2013
La comoda "Enseñanza" vs El Alto Costo de la Verdad Bíblica
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lunes, 31 de diciembre de 2012
UN COMPROMISO, UN AÑO FELIZ.
Un feliz año, es un deseo profundo del corazón del ser humano; la mezcla perfecta para darse cuenta que necesitamos de Dios. Un tiempo propicio para un nuevo comienzo, una realidad en espera de un Musculo Fuerte que permita el máximo alcance de los sueños.
Todo se hará realidad cuando el corazón se abra y permita la ocupación del Supremo Hacedor y Gran arquitecto. El deseo de este año el Reino de Dios establecido en el corazón; solo basta un compromiso con Cristo.
lunes, 29 de octubre de 2012
Dios el Padre
A. EL PADRE COMO LA PRIMERA PERSONA
Se indica que hay tres Personas en la Trinidad -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo-y que ellas son un solo Dios. La Primera Persona es designada como el Padre. Por lo tanto, el Padre no es la Trinidad, el Hijo no es la Trinidad y el Espíritu tampoco es la Trinidad. La Trinidad incluye las tres Personas. Aunque la doctrina del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo está presentada en el Antiguo Testamento y estos términos se dan a las Personas de la Trinidad, el Nuevo Testamento define y revela la doctrina total. Y en esta revelación neotestamentaria el Padre aparece eligiendo, amando y dando; el Hijo se revela sufriendo, redimiendo y sustentando; mientras que el Espíritu se manifiesta regenerando, impartiendo poder y santificando. La revelación del Nuevo Testamento se centraliza en revelar a Jesucristo, pero a la vez, presentando a Cristo como el Hijo de Dios, la verdad de Dios el Padre es de esta manera revelada. Dado el orden irreversible del Padre mandando y comisionando al Hijo, y el Hijo mandando y comisionando al Espíritu Santo, el Padre se designa correctamente en teología como la Primera Persona sin rebajar en ninguna manera la inefable deidad de la Segunda o la Tercera Persona.
En la revelación concerniente a la paternidad de Dios pueden observarse cuatro aspectos diferentes:
1) Dios como el Padre de toda la creación
2) Dios el Padre por relación íntima;
3) Dios como el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y 4) Dios como el Padre de todos los que creen en Jesucristo como Salvador y Señor.
B. LA PATERNIDAD SOBRE LA CREACION
Aunque las tres Personas participaron en la creación y sostenimiento del universo físico y de las criaturas que existen en él, la Primera Persona, o sea Dios el Padre, en una manera especial es el Padre de toda la creación. De acuerdo a Efesios 3:14-15, Pablo escribe: «Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra.» Aquí toda la familia de criaturas morales, incluyendo ángeles y hombres, son declaradas para constituir una familia de la cual Dios es el Padre. De una manera similar, en Hebreos 12:9 la Primera Persona es nombrada como «el Padre de los espíritus», lo que parece otra vez incluir todos los seres morales tales como ángeles y hombres.
De acuerdo a Santiago 1:17, la Primera Persona es el «Padre de las luces», una expresión peculiar que parece indicar que Él es el originador de toda luz espiritual. En Job 38:7 los ángeles se describen como hijos de Dios (Job 1:6; 2:1). A Adán se le refiere como de Dios por creación en Lucas 3:38, por implicación, un hijo de Dios. Malaquías 2:10 hace la pregunta: « ¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?»
Pablo, dirigiéndose a los atenienses en la colina de Marte, lo incluyó en este argumento: «Siendo, pues, linaje de Dios» (Hch. 17:29). En 1 Corintios 8:6 se hace la declaración: «Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas.»
En las bases de estos textos hay suficiente campo para concluir que la Primera Persona de la Trinidad, como el Creador, es el Padre de toda la creación, y que todas las criaturas que tienen vida física deben su origen a Él. Solamente en este sentido es correcto referirse a la paternidad universal de Dios. Todas las criaturas participan en este sentido en la hermandad universal de la creación. Esto no justifica, sin embargo, el mal uso de esta doctrina por los teólogos liberales para enseñar la salvación universal, o que cada hombre tiene a Dios como su Padre en un sentido espiritual.
lunes, 6 de agosto de 2012
La Sana Doctrina, las Sanas Palabras
miércoles, 23 de mayo de 2012
Caminamos por una senda marcada. A.W. Tozer
Para el hijo de Dios no existen los accidentes. Camina por una senda marcada. El camino que sigue fue escogido para él cuando todavía no era, cuando todavía sólo existía en la mente de Dios.
Puede ciertamente parecer que le sobrevienen accidentes y desgracias en su camino; pero estos males lo serán sólo en apariencia, y parecerán males sólo porque no puede leer el secreto guión de la oculta providencia de Dios, y no puede por tanto descubrir el fin que Él persigue.
Cuando la verdadera fe entra en el corazón, se van para siempre de él el azar y los accidentes. No tienen tales cosas dominio sobre los nacidos del Espíritu, porque éstos son hijos de la nueva creación, estando al cuidado especial del Dios Altísimo.
Mientras peregrinan aquí abajo, estos hijos del pacto eterno pueden pagar una prenda en tributo a la naturaleza: las enfermedades, la ancianidad y la muerte pueden gravitar sobre ellos, y para los ojos no críticos pueden parecer como los demás hombres. Aquí, como en todos los otros juicios que se hacen del cristianismo, el mundo se ve completamente engañado por las apariencias, porque no puede ver que estos creyentes están «escondidos con Cristo en Dios».
El hombre de verdadera fe puede vivir con la total certidumbre de que sus pasos están ordenados por el Señor. Para él, la desgracia está fuera de los límites de lo posible. No puede ser arrebatado de esta tierra ni una hora antes del tiempo que Dios ha dispuesto, y no puede ser detenido sobre la tierra un momento después que Dios haya terminado con él aquí abajo. No es un trotamundos sin rumbo, carente de dirección en el tiempo y en el espacio, sino un santo del Señor, y el amado a quien Él cuida de una manera entrañable.
Todo esto no es un mero ensueño, ni un credo consolador entretejido como una vestimenta para dar calor a los entumecidos corazones de almas solitarias y asustadas en un mundo tenebroso y hostil. Es más bien la esencia de la verdad, una Justa recapitulación de la enseñanza de la Biblia acerca de esta cuestión, y debería ser recibida con reverencia y gozo junto con todo lo demás que se enseña en las Escrituras de verdad.
Puede ciertamente parecer que le sobrevienen accidentes y desgracias en su camino; pero estos males lo serán sólo en apariencia, y parecerán males sólo porque no puede leer el secreto guión de la oculta providencia de Dios, y no puede por tanto descubrir el fin que Él persigue.
Cuando la verdadera fe entra en el corazón, se van para siempre de él el azar y los accidentes. No tienen tales cosas dominio sobre los nacidos del Espíritu, porque éstos son hijos de la nueva creación, estando al cuidado especial del Dios Altísimo.
Mientras peregrinan aquí abajo, estos hijos del pacto eterno pueden pagar una prenda en tributo a la naturaleza: las enfermedades, la ancianidad y la muerte pueden gravitar sobre ellos, y para los ojos no críticos pueden parecer como los demás hombres. Aquí, como en todos los otros juicios que se hacen del cristianismo, el mundo se ve completamente engañado por las apariencias, porque no puede ver que estos creyentes están «escondidos con Cristo en Dios».
El hombre de verdadera fe puede vivir con la total certidumbre de que sus pasos están ordenados por el Señor. Para él, la desgracia está fuera de los límites de lo posible. No puede ser arrebatado de esta tierra ni una hora antes del tiempo que Dios ha dispuesto, y no puede ser detenido sobre la tierra un momento después que Dios haya terminado con él aquí abajo. No es un trotamundos sin rumbo, carente de dirección en el tiempo y en el espacio, sino un santo del Señor, y el amado a quien Él cuida de una manera entrañable.
Todo esto no es un mero ensueño, ni un credo consolador entretejido como una vestimenta para dar calor a los entumecidos corazones de almas solitarias y asustadas en un mundo tenebroso y hostil. Es más bien la esencia de la verdad, una Justa recapitulación de la enseñanza de la Biblia acerca de esta cuestión, y debería ser recibida con reverencia y gozo junto con todo lo demás que se enseña en las Escrituras de verdad.
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