sábado, 22 de marzo de 2014

SE BUSCA PASTOR

Escuchemos la conversación entre dos hermanos en Cristo. Esta conversación surge en una iglesia grande que recientemente su pastor se ha retirado y están en busca del nuevo pastor. Veamos...

Hermano mío, te cuento que mi iglesia está buscando pastor. Pero varón no creas que mi iglesia sea cualquier cosa. Fíjate, mi iglesia tiene ya más de 10,000 miembros. El número de diáconos es como de 125. Nuestra gente es educada. Es más, muchos son profesionales. Al pastor que buscamos le vamos a pagar $100,000 dólares anualmente. Le daremos carro nuevo, seguro medico, gastos de gasolina, viajes y demás. La cuenta de retiro es muy generosa. Ahora sí, tiene que ser doctor en teología. Tener un pasado impecable. Un crédito intachable y su reputación perfecta. No puede ser muy joven, pero tampoco muy viejo. Cuando predique tiene que ser cortó y preciso...no queremos cansar a nuestra gente.

El hermano que tan pacientemente le había estado escuchando le comento: Siervo, cuanto me gustaría ayudarte en tu búsqueda. Mientras hablabas venían a mi mente los nombres de varios amigos, pero creo que ninguno te conviene: Pues tengo uno que se llama Mateo. Y aunque no es menos cierto que predica muy bien y muchos millares han venido a Cristo por sus escrituras, este no tiene buen pasado. Se conoce que era recaudador de impuestos, maltrataba a sus hermanos y hasta se dice que era ladrón. Tengo otro llamado Juan. Sus ojos han visto la gloria de Dios. Sus testimonios son impactantes. Pero que te digo, es demasiado joven y se le conoce como Hijo del Trueno. También conozco a uno que le llaman Pedro; es sabido que tanto esta el poder de Dios en el que hasta con su sombra son sanados los enfermos. Pero tampoco creo que te convenga este, pues no tiene educación, al contrario es un simple pescador.
Y yo varón me ofrecería porque realmente amo a las almas. Mi vida daría por ver a un alma venir a los pies del maestro. Pero no te puedo ocultar que he estado preso; participe en la muerte de un hombre; maltrate a hombres y mujeres... mi nombre, mi nombre....es Pablo de Tarso.

martes, 1 de octubre de 2013

martes, 4 de junio de 2013

Dios el Hijo: Su Encarnación

*Tomado de Grandes Temas Bíblicos -Lewis Sperry Chafer- CLIE-
Al considerar la encarnación deben de admitirse dos verdades importantes: 1) Cristo fue al mismo tiempo, y en un sentido absoluto, verdadero Dios y verdadero hombre; y 2) al hacerse Él carne, aun que dejó a un lado su Gloria, en ningún sentido dejó a un lado su deidad. En su encarnación Él retuvo cada atributo esencial de su deidad. Su total deidad y completa humanidad son esenciales para su obra en la cruz. Si Él no hubiera sido hombre, no podría haber muerto; si Él no hubiera sido Dios, su muerte no hubiera tenido tan infinito valor.
Juan declara (Jn. 1:1) que Cristo, quien era uno con Dios y era Dios desde toda la eternidad, se hizo carne y habitó entre nosotros (1:14). Pablo, asimismo, declara que Cristo, quien era en forma de Dios, tomó sobre sí mismo la semejanza de hombres (Fil. 2:6-7); «Dios fue manifestado en carne» (1 Ti. 3:16); y Él, quien fue la total revelación de la gloria de Dios, fue la exacta imagen de su persona (He. 1:3). Lucas, en más amplios detalles, presenta el hecho histórico de su encarnación, así como ambos su concepción y su nacimiento (Lc. 1:26-38; 2:5-7).
La Biblia presenta muchos contrastes, pero ninguno más sorprendente que aquel que Cristo en su persona debería ser al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre. Las ilustraciones de estos contrastes en las Escrituras son muchas: Él estuvo cansado (Jn. 4:6), y Él ofreció descanso a los que estaban trabajados y cargados (Mt. 11:28); Él tuvo hambre (Mt. 4:2), y Él era «el pan de vida» (Jn. 6:35); Él tuvo sed (Jn. 19:28), y Él era el agua de vida (Jn. 7:37). Él estuvo en agonía (Lc. 22:44), y curó toda clase de enfermedades y alivió todo dolor. Aunque había existido desde la eternidad (Jn. 8:58), Él creció «en edad» como crecen todos los hombres (Lc. 2:40). Sufrió la tentación (Mt. 4:1) y, como Dios, no podía ser tentado. Se limitó a sí mismo en su conocimiento (Lc. 2:52), aun cuando Él era la sabiduría de Dios.
Refiriéndose a su humillación, por la cual fue hecho un poco menor que los ángel

martes, 12 de febrero de 2013

Dios el Hijo: Su preexistencia.

*Tomado de Grandes Temas Bíblicos -Lewis Sperry Chafer- CLIE-
Siendo al mismo tiempo perfectamente humano y perfectamente divino, el Señor Jesucristo es semejante y a la vez distinto a los hijos de los hombres. Las Escrituras son muy claras respecto a la semejanza de Él con los humanos (Jn. 1:14; 1 Ti. 3:16; He. 2:14-17), y lo presentan como a un hombre que nació, vivió, sufrió y murió entre los hombres. Pero de igual manera la Biblia enseña que Él es diferente a nosotros, no solamente en el carácter impecable de su vida terrenal, en su muerte vicaria y en su gloriosa resurrección y ascensión, sino también en el hecho maravilloso de su preexistencia eterna.
En cuanto a su humanidad, Él tuvo principio, pues fue concebido por el poder del Espíritu Santo y nació de una virgen. En cuanto a su divinidad, Él no tuvo principio, pues ha existido desde la eternidad. En Isaías 9:6 leemos: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado.» La distinción es obvia entre el niño que nació y el Hijo que nos es dado.
Así también en Gálatas 4:4 se declara: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.» El que existía desde la eternidad, llegó a ser, en la plenitud del tiempo, «nacido (la descendencia) de mujer». Declarando que Cristo fue preexistente, meramente se afirma que Él existió antes de que se hubiera encarnado, puesto que todos los propósitos también afirman que Él existía desde toda la eternidad pasada. La idea de que Él era preexistente sólo en el sentido de ser el primero de todos los seres creados (la así llamada herejía arriana del siglo IV) no es una enseñanza moderna. Así las pruebas de su preexistencia y las pruebas para su eternidad pueden ser agrupadas juntas. Es también evidente que si Cristo es Dios, Él es eterno, y si Él es eterno, Él es Dios, y las pruebas para la deidad de Cristo y su eternidad se sostienen unas a otras.
La eternidad y deidad de Jesús es establecida por dos líneas de revelación: 1ª.) Declaraciones directas, y 2ª.) Implicaciones de la Escritura.
A. DECLARACIONES DIRECTAS DE LA ETERNIDAD Y DEIDAD DEL HIJO DE DIOS
La eternidad y deidad de Jesucristo están sostenidas en una vasta área de la Escritura, la cual afirma su infinita Persona y su existencia eterna igual con las otras Personas de la Trinidad. Este hecho no es afectado por su encarnación.